22/7/12

4/7/12

Lo hecho.

"Nada se tiene, todo está perdido cuando nuestro deseo se colma sin placer. Es mejor ser lo que nosotros destruimos, que al destruirlo no vivir sino un goce dudoso. Y bien, mi señor, ¿Por qué permanecéis a solas llevando tristes pensamientos por toda compañía, alimentando fantasías que tendrían que haber muerto con los que las provocan? lo que no puede remediarse no debe ser considerado: Lo hecho, ya esta hecho."

- Lady Macbeth.

3/7/12

Dejenme llorar




Tan solo despertar, tomar ese desayuno amargo con cigarro en mano y recordar que hay otro día que vivir.


2/7/12

VI

y me imagino velando tu sueño una noche más mientras yo nado en esta mi gran pecera que me aleja tanto de ti.


Dentro de La Reina Roja.


La Reina Roja mira a través de sus ojos, están marchitos y destintados, hinchados por un llanto que no tiene fin, con un corazón lleno de espadas, heridas de batallas que no llegaron a nada. Un llanto en silencio… un llanto ahogado, de esos que enmascaran el dolor más grande que un ser humano pueda expresar.

El silencio. Ese silencio que engloba la paz y el temor. Ese momento en el que temes tanto escucharte, dejarte salir tan solo por no escuchar nada, por el silencio. Temer a uno mismo, a la soledad que te acompaña y que te indica que pondrás en juicio a la única persona que no le puedes mentir. Uno mismo.

Presente, la reina roja viene arrogante, dominante a levantar a la caída, a esa reina destruida por el amor… ese placer entintado en pecado, en dolor.

Quien alguna vez se enamoró entregando su alma y dando un paso al costado al cuerpo entenderá el dolor en los ojos, esa constante presión en la vista tan dañada por el llanto, por el poco descanso, sabrá también ese desgano, esa falta de defensa propia… de luz.

Y la reina roja observa, ve a este espécimen echado de menos y sin ninguna intención de despertar de su tedio. Su inferioridad es corrosiva, siente que si la ayuda ella caerá y será un vestigio de lo que es, la gran reina omnisapiente.

El poder que tiene, esa vista asesina y apasionada, cargada de erotismo, pasión y conquista. La fuerza de su cetro, de su corona es un determinante de su sofisticación. La reina roja es el ser mas deseado, la mujer perfecta en facciones, en fortaleza e inteligencia.

En cambio, ¿cómo nuestra reina puede mirarle la cara a este lejano ejemplo cuando ni ella puede definir su camino destruido por el paso del amor? Cómo un cuerpo vacío puede pegar sus piezas y competir cuerpo a cuerpo con una obra dada por el mismísimo Dios.

Sus manos heladas, su cuerpo enjuto desfasado de sus grandes prendas, el descuido de sus cabellos caramelo la hacen ser la mujer desnuda, un ser mimetizado con el espacio vacío de dolor y la esperanza de ese amor fugitivo.

La reina roja sacude el polvo que emana su par, se sienta para apreciar a este ser tan fuera de sintonía con la vida.  

Tic … tac… tic… tac… mira sus ropas, tic… tac… tic… tac… levanta el rostro, tic. Tac busca algo, está desesperada tic, tac. Hola.

Pánico...
Esos ojos, esos ojos queman la gran seguridad de la reina, la hacen temer, estremecer. Ese dolor, esa amargura… ese odio. La desaturación de sus ojos es mas grande que cualquier fortaleza de energía. La proyección de sus ojos emana un veneno lento, ardiente.

Se aleja.

El peso de su cuerpo no está en función de su masa, sus movimientos casi robotizados no son una definición de la gracilidad de sus movimientos. Esta reina no es un vestigio de lo que fue, es una mutación de lo que será.

Nuestra reina ríe, un acto inesperado, acomoda su cuerpo y levanta el rostro, sacude sus prendas y sus cabellos, apoya sus dos pies sobre el suelo frío y ríe, sin buscar respuestas ni motivos, solo mira a través de los ojos de la Reina, es un acto casi hipnotizante donde ambas ven a través de ellas mismas, llegando al punto más neutro de nuestra concepción de tiempo, llegando al tedio del limbo, el tiempo infinito.

Se observan, nuestra reina se va triunfante mientras nuestra reina roja comprende que entre ambas, la destruida siempre será ella, por si falta de amor, por su coraza y por querer encerrar en ella misma a la reina roja vomitiva de sentimientos y de amor.

Cochichis


Si tuvieran rulitos marrones serían Mateo y Valkiria jijiji.

V


El pecado esta contigo y en mí.

IV

Y desperté pensando en todo el amor que quiero darte.
También, recordé tu lejanía, tus reparos...
Tal vez sólo me queda
 s ñ r .